
Sigo pensando que nuestras sociedades no están todavía listas para aceptar que uno pueda tener una opinión diferente sobre el negocio de su empleador o derecho de rumbear y tomarse fotos sin que por ello los de recursos humanos lo tilden de inmaduro en una entrevista de trabajo. Igual o peor cuando se trata de expresar opiniones políticas. Me quito el sombreo ante aquellos que no temen dar la cara, nombres y apellidos, guardan su compostura al escribir y lidian con los retrógrados en sus bitácoras. No me gustan entonces aquellos valientes que, bajo la cubierta de un pseudónimo, sueltan mentiras o cosas desagradables. Igual si conocemos sus nombres. Sin embargo, no dudo en conocer, apenas la ocasión se presenta, uno que otro bloguero dejando a un lado mi burqa.
El anonimato entonces debería hacernos más responsables, detallados, equilibrados y abiertos. Si a veces las pasiones nos arrebatan y no podemos contenernos delante del teclado, tengamos en cuenta que el precio que pagamos es una pérdida de nuestra credibilidad.
Mientras me decido pues y a guisa de conclusión, le pregunto amable lector@: Cómo se imagina(ba) el autor de este blog?
Todas las respuestas correctas serán confirmadas :-)
PD: Una pequeña ayuda se encuentra haciendo click arriba en la foto de la mujer Rashaida con burqa (foto de Vit Hassan en flickr)