A menos que uno se haya ido a una isla desierta (y que todavía no regrese) durante estas vacaciones de fin de año, nadie se salva del circo mediático alrededor de la liberación de los secuestrados en Colombia. Ni de regalo de navidad, ni de cumpleaños –sí, el mío-, la entrega de Clara Rojas, su hijo y la ex-parlamentaria no se dio y tardará en hacerlo.
Con un seguimiento relativo al comienzo, debido a las festividades, la blogosfera se ha venido despertando y ya nos aporta los
primeros análisis y
opiniones sesudas que complementan las informaciones de los medios tradicionales.
Nos quedamos entonces en casa, entre la amenaza terrorista que todavía se mantiene sobre el reino belga, la cancelación de los fuegos artificiales en la capital (y por qué Nueva York sí los hizo?) y otras actividades y la “entretenida” programación de televisión.
Nuestro interés recayó sobre las noticias de fin de año :
Pakistán y Colombia. Con eso de las negociaciones de paz los colombianos estamos ‘curados’ pero quién puede decir que por lo menos no pensó un minuto que tal vez esta vez sí, que esta vez, con la ayuda del espíritu decembrino –y del Santo- los raptados iban a volver a sus hogares?
En
Twitter, en el
blog de Mauricio y en
EquinoXio iba dejando mi preocupación nerviosa sobre la suerte de esta ‘operación’. Los medios francófonos belgas y franceses, seguían la evolución de la situación colombiana con una intensidad apenas superada por el cubrimiento de la actualidad pakistaní.
Poco a poco entonces nos dimos cuenta que la mayonesa no cuajaba, que Oliver Stone no tenía nada que hacer allí y que los corresponsales empezaban a echar de menos sus vacaciones interrumpidas por el deber de informar sobre la “actualidad”.
Bueno el final del año se acercaba y tocaba desconectarse para disfrutar de una buena cena en familia. Al otro día, de regreso a la información, el balde de agua fría. No miento al decir que hubiera preferido mil veces otro desenlace, que no la pasé como hubiera querido, que la lejanía tal vez me haya vuelto ingenuo pero he descubierto que la apatía hay que comenzar a vencerla con un poquito de fe.
Aunque no sabemos en que irá parar todo esto, me atrevo a guardar un viso de esperanza en que en unas semanas habrá una noticia buena. En cuanto a Ingrid Betancourt, que ojala aguante pues
su suerte está mucho más comprometida y todavía pareciese ser más competencia del Altísimo.